Twenty-Fouth Sunday In Ordinary Time

The Lord God opens my ear that I may hear; and I have not rebelled, have not turned back. I gave my back to those who beat me, my cheeks to those who plucked my beard. (Isaiah 50)

The First Reading today is the third of four “Servant Songs” in the Book of the Prophet Isaiah. It is a Confession of Confidence by a Minister of God’s Word. The minister of God’s Word opens his ear each morning to hear the Word of God. He takes it to heart and trusts in it. The confidence he receives from the Lord gives him courage to face criticism, rejection, and even physical abuse from those who don’t want to hear the Word and who react violently on hearing the Word.

Priests and bishops, and many lay people sometimes face criticism or rejection from preaching the Word of God, or by living it in their professional or personal lives. As Catholics, we are called to have courage in speaking and living the truths of our faith, and to live and vote as citizens of the Kingdom of God. We believe in standing for the sanctity of human life, from conception to a natural dearth, but also for the rights of immigrants, migrants, refugees, the underprivileged, etc.

We should not be afraid to stand for what we believe, but also realize sometimes the issue is more complex than we would like to make it sound. When we are attacked for our faith, we do have the right of self-defense, but we should speak softly and convincingly, rather than in a defensive and hostile manner. This is the best way to give witness to the faith.

 

El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras; y no me he rebelado, no he vuelto atrás. Le di la espalda a los que me golpearon, mis mejillas a los que me arrancaron la barba.  (Isaías 50)

La primera lectura de hoy es la tercera de cuatro “Canciones del Siervo” en el Libro del Profeta Isaías. Es una Confesión de Confianza por un Ministro de la Palabra de Dios. El ministro de la Palabra de Dios abre su oído cada mañana para escuchar la Palabra de Dios. Se la toma en serio y confía en La palabra. La confianza que recibe del Señor le da valor para enfrentar las críticas, el rechazo e incluso el abuso físico de aquellos que no quieren escuchar la Palabra y que reaccionan violentamente al escuchar la Palabra.

Los sacerdotes y obispos, y muchos laicos, a veces se enfrentan a la crítica o al rechazo de predicar la Palabra de Dios, o de vivirla en su vida profesional o personal. Como católicos estamos llamados a tener valor para hablar y vivir las verdades de nuestra fe, y a vivir y votar como ciudadanos del Reino de Dios.  Creemos en defender la santidad de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, pero también los derechos de los inmigrantes, migrantes, refugiados, desfavorecidos, etc.

No debemos tener miedo de defender lo que creemos, pero también darnos cuenta de que a veces el problema es más complejo que nos gustaría creer. Cuando somos atacados por nuestra fe, tenemos el derecho de autodefensa, pero debemos hablar en voz baja y convincentemente, en lugar de hacerlo de una manera defensiva y hostil. Esta es la mejor manera de dar testimonio de la fe.